Elon Musk, visionario de Tesla y xAI, ha sacudido nuevamente el debate sobre el futuro con su predicción: en 10 o 20 años, el trabajo será opcional gracias a la inteligencia artificial (IA) y los robots. En el Foro de Inversiones EE.UU.-Arabia Saudita, Musk afirmó que las máquinas producirán todo lo necesario, convirtiendo el empleo en una elección recreativa, como practicar deportes o jugar videojuegos. Para mitigar desigualdades, propone una «renta alta universal», un ingreso incondicional que garantice subsistencia sin depender de la productividad. Esta idea resuena con propuestas como la de Sam Altman de OpenAI, quien aboga por pagos estatales regulares en un mundo de abundancia automatizada. Sin embargo, expertos como Ioana Marinescu cuestionan el plazo, citando costos altos en robótica y adopción lenta de IA, pese a avances como los robots Optimus de Tesla.
Esta visión no es solo tecnológica; es un espejo existencial que refleja las ideas centrales de mi libro La OFFsolescencia del Ser HumaON: Del Algoritmo a la Presencia. En él, exploro cómo la IA y la automatización marcan el fin de la era donde el trabajo humano mide nuestro valor. Como detallo en el prefacio, imaginemos dos nacimientos: un bebé humano, cargado de expectativas productivas que caducan, y un código de IA, nacido en segundos para hacer el trabajo de diez. La pandemia, que llamo «El Gran Confinamiento», fue un laboratorio de este colapso, revelando que millones de empleos son prescindibles, con la Organización Internacional del Trabajo reportando pérdidas equivalentes a 195 millones en 2020.
Musk’s timeline acelera lo que en mi libro denomino «OFFsolescencia»: la obsolescencia productiva que nos obliga a preguntarnos, «¿qué nos hace irremplazables cuando nuestra utilidad caduca?». Capítulos como «Luces, cámaras… Inteligencia Artificial» analizan cómo la IA no solo desplaza tareas cognitivas —superando a humanos en diagnósticos médicos o análisis gerenciales—, sino que simula empatía, invadiendo incluso la educación personalizada («Una maestra para cada niño»). Propongo la Renta Básica Universal, inspirada en experimentos como el canadiense de Dauphin, no como subsidio, sino como «andamio invisible» financiado por la productividad de las máquinas, liberándonos para descubrir dones verdaderos.
Pero el verdadero horizonte no es la ociosidad; es el humanismo relacional. En historias de pasajeros —desde despidos por IA hasta redescubrimientos de propósito en servir y compartir—, argumento que nuestra esencia radica en la presencia vulnerable, el encuentro auténtico que ninguna singularidad tecnológica replicará. Musk ve abundancia; yo, una oportunidad para apagar la app de la productividad y encender la del amor incondicional.
Si esta predicción te inquieta, La OFFsolescencia del Ser HumaON ofrece un manifiesto para navegarla. Disponible en Amazon, invita a redefinirnos más allá del algoritmo. ¿Estamos listos para ser humanos sin coartada laboral?